Enfermeras de cuerpos y de almas en las UCI del Covid-19


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En lo peor de la pandemia, cuando las UCI no daban de sí ante tanto drama físico, surgió el proyecto «Cuidando corazones». La idea partió de tres enfermeras decididas a ir mucho más allá en su día a día profesional y adentrarse en los vericuetos de las emociones de enfermos y familiares. Acompañarles, abrazar y cuidar de sus sentimientos. Eran muy conscientes de que eso suponía asumir no solo un trabajo extra en un momento en el que la tragedia del Covid ya había puesto al límite a los sanitarios. Pero estaban convencidas de que la dimensión de esos dramas humanos les exigía dar un paso más, y lo dieron. Les secundaron decenas de enfermeras y enfermeros de las UCI del hospital zaragozano Miguel Servet, y el proyecto sigue siendo una realidad en el día a día de este gran centro sanitario aragonés.

«La dirección del hospital nos apoyó inmediatamente y todo el mundo dijo sí, no hubo una sola enfermera que no quisiera sumarse, de múltiples UCI. Sin ellas todo esto no hubiera sido posible», relata una de las promotoras, Inmaculada Mínguez, que en lo peor de la pandemia decidió irse a trabajar a una UCI-Covid desde el puesto que tenía entonces en el Quirófano de Maternidad del hospital materno-infantil del Miguel Servet, centro del que ahora es supervisora general de Enfermería de tardes-noches.

Las otras dos promotoras de «Abrazando corazones» fueron Natalia Becerril y Delia González. Natalia es enfermera de la UCI polivalente de este hospital zaragozano y trabajó durante meses en la primera Unidad de Cuidados Intensivos que se habilitó específicamente para pacientes de coronavirus. Y Delia es supervisora de investigación de Enfermería en el «Miguel Servet», con 25 años de experiencia en UCI.

«Cuando salíamos de los turnos comentábamos la situación entre nosotras. Nos servía también para hacer un poco de terapia, y nos dimos cuenta de lo tremendo que era para los enfermos y sus familias el absoluto aislamiento al que se veían sometidos, durante semanas y meses, de lo tremendo que era para los pacientes que permanecían conscientes en la UCI, pero también para quienes no lo estaban», relata Inmaculada. «Y eso nos hizo darnos cuenta de que, además de las necesidades básicas de los cuidados físicos que les procurábamos, había una parcela de cuidados emocionales, espirituales, que también era muy necesaria y a la que queríamos llegar».

En la vida y en la muerte

A los pacientes que estaban inconscientes les leían cartas de sus familiares, les ponían su música preferida, les colgaban dibujos de nietos… A los que no lo superaban y estaban a punto de morir, les leían cartas de despedida, les acompañaban en su adiós, con palabras o desde el silencio, «que a veces con un silencio se puede hacer mucho en el acompañamiento de una muerte», explica Inmaculada Mínguez. Se ayudaba a los familiares en el imprescindible tránsito del duelo, especialmente duro en situaciones en las que el aislamiento impide despedirse del ser querido. Y a los pacientes conscientes se les facilitaba el contacto visual por videoconferencia con sus hogares. Además, el personal de enfermería hablaba también por teléfono con los familiares para reducir esa sensación de lejanía física y emocional entre quienes sufrían desde casa por aquel al que no podían ver en la UCI.

«Me siento tremendamente feliz de haber hecho la vida mejor a esas personas que, además, nos han dado lecciones de vida. Esa es la mayor recompensa», relata emocionada Inmaculada en nombre de todos los profesionales de enfermería que se sumaron y que siguen trabajando en «Abrazando corazones». Confiesa que «muchos días nos hemos roto» ante el dolor, pero que sienten la satisfacción del deber cumplido, de haber dado ese paso para ir más allá de lo que la profesión exige en un momento tan crítico. «Ante lo que estábamos viendo, que era tremendo, con el dolor del aislamiento en la UCI y con gente que se moría sin despedirse de sus familias, podíamos hacer dos cosas: centrarnos estrictamente en nuestro trabajo sanitario o ir más allá e implicarnos también en cuidar el espíritu de los que sufrían, que es lo que hicimos». Humanidad al desnudo, profesión en cuerpo y alma. «Esta pandemia ha dejado al descubierto la importancia que la enfermería tiene en el sistema sanitario», afirma con orgullo.

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