¿Son seguras las mascarillas de tela?


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La mascarilla se ha convertido en parte de nuestra indumentaria. Ya no se puede salir de casa sin ella, por lo que muchos han decidido que mejor llevar una textil acorde a su gusto que la clásica de celulosa. El problema es que no vale ponerse cualquier trozo de tela. Para que realmente se considere una mascarilla higiénica, con alta capacidad de filtrado, tiene que cumplir con una serie de requisitos de fabricación y estándares de calidad, y la única manera de asegurarnos de ello es que esté homologada.

Ante la dificultad de diferenciar a simple vista una mascarilla de tela casera de una que cumple con los requisitos, el País Vasco ha decidido prohibir el acceso a sus centros de salud y hospitales con este tipo de cubrebocas. Cada centro entrega una de tipo quirúrguico de un solo uso para garantizar la seguridad en las instalaciones.

«Si la mascarilla tiene acreditación de que es higiénica garantizas que se ha fabricado en base a una normativa y que cumple con el porcentaje de filtración. Si no, es un trozo de tela que no sabes cuánto te protege», advierte a ABC Antonio Blanes, director de Servicios Técnicos del Consejo General de Colegios Farmacéuticos.

Dentro de las mascarillas higiénicas, que son las que debe utilizar la población general sana, encontramos de dos tipos: la no reutilizables (de celulosa) y las reutilizables (textil) que deben lavarse conforme a las instrucciones del fabricarse. Para asegurarnos de que cumplen con la normativa y los estándares europeos, María Enríquez, enfermera del Consejo General de Enfermería consultada por ABC, recomienda fijarse en que lleven la marca CE y que en la etiqueta aparezcan los siguientes códigos: UNE 0064-1 (adultos) y 0064-2 (niños) si son no reutilizables (eficacia de filtración bacteriana igual o superior a 95%); y UNE 0065 si son reutilizables (eficacia de filtración bacteriana igual o superior a 90%).

En ambos casos, respetar el tiempo de uso es muy importante. Nada de llevar la misma varios días seguidos, ni siquiera toda una jornada. «La mascarilla hay que cambiarla cada cuatro horas, aunque sea lavable», advierte María Enríquez. Y en el caso de las reutilizables, hay que desecharlas definitivamente cuando se alcance el número máximo de lavados recomendado por el fabricante.

Si ya hay síntomas de infección respiratoria, hay que optar por una mascarilla quirúrgica. Deben cumplir con la normativa UNE 14683 y, según su capacidad de filtración, pueden ser de tipo I (más del 95%) o II (más del 98%). Deberían cambiarse cada cuatro horas.

Tanto higiénicas como quirúrgicas tienen como objetivo que el que las lleva no disperse sus gotitas respiratorias. Si buscamos una protección comunitaria pero también individual, que filtre el aire inhalado, habría que optar por las autofiltrantes, consideradas como Equipos de Protección Individual (EPI). Son las FPP2 (más de un 95% de filtración) y las FPP3 (más del 98% de filtración). Son las recomendadas para sanitarios o para grupos vulnerables por indicación médica. Deben cumplir con la normativa UNE EN-149 y llevar el marcado europeo CE.

Ambos expertos consultados matizan además que las KN95, también autofiltrantes, no dejarán de venderse en España a partir del 1 de octubre sino que solo podrán comercializarse aquellas que lleven el marcado CE. En plena pandemia y ante la falta de EPIS se permitió importar mascarillas KN95 sin esta certificación, pero este permiso expira el 30 de septiembre.

Dentro de las autofiltrantes, las que sí están absolutamente desaconsejadas para la población general en estos momentos son las que portan una válvula, ya que dejan escapar los fluidos del que la lleva. Son las conocidas popularmente como «mascarillas egoístas» y algunas comunidades autónomas ya han prohibido su uso.

Consejo General de Enfermería
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